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PRINCIPIOS
BÁSICOS DE INVESTIGACIÓN CLÍNICA
CJoan-Ramon Laporte
La evaluación de los efectos de los
medicamentos
Desde mediados de los años cuarenta la práctica
médica ha cambiado radicalmente. Se han introducido en
terapéutica numerosos antibióticos, fármacos
para el tratamiento de enfermedades cardiovasculares, digestivas,
neurológicas, neoplásicas, psiquiátricas,
respiratorias, cutáneas, etc., y para el tratamiento de
síntomas comunes, como analgésicos, antihistamínicos,
etc. Se trata de productos que, a diferencia de la mayoría
de los remedios disponibles en el primer tercio del siglo, son
capaces de alterar profundamente mecanismos fisiológícos
específicos, mejorar síntomas y modificar favorablemente
el curso de numerosas enfermedades.1
Así pues, en menos de cincuenta años se ha pasado
de disponer apenas de una docena de medicamentos activos, al uso
de miles de entidades quimicofarmacéuticas distintas con
finalidad terapéutica. Por otra parte, la cuantía
del consumo de medicamentos crece vertiginosamente, más
que otros gastos sanitarios y varias veces más que el producto
nacional bruto de muchos países. Este crecimiento se debe
en parte a la cobertura farmacéutica de sistemas de seguridad
social, y en parte al consumo del sector privado. De este modo,
se prevé que en el período 1997-2004 el consumo
farmacéutico mundial habrá crecido un 64%, de 308.000
a 506.000 millones de dólares.2
La llamada explosión farmacológica posterior a la
Segunda Guerra Mundial dio lugar, en los años sesenta a
noventa, a grandes avances en el tratamiento de enfermedades que
antes eran inexorablemente mortales o incapacitantes. Este fenómeno
de renovación tecnológica no se ha limitado a la
terapéutica farmacológica, sino que ha abarcado
también otros campos de la medicina, por ejemplo el del
diagnóstico. Naturalmente, este progreso se ha acompañado
de accidentes, como la epidemia de focomelia atribuida a la talidomida
que se registró en Europa y en otras regiones a principios
de los sesenta. Desde entonces, la preocupación por la
seguridad de los medicamentos ha contribuido al desarrollo y aplicación
de métodos clínicos y pidemiológicos
para evaluar los beneficios y los riesgos potenciales de cualquier
tipo de intervención terapéutica, ya sea farmacológica
o no.3
En los últimos años asistimos a cambios profundos
en el desarrollo de nuevos fármacos. Los avances en inmunología
y iotecnología genética ya han permitido introducir
en terapéutica una serie de anticuerpos monoclonales, oligonucleótidos,
y enzimas que posiblemente modifiquen el pronóstico a largo
plazo de una amplia variedad de enfermedades. Se comienzan a desarrollar
modalidades de terapia génica; la secuenciación
del genoma humano puede revolucionar la práctica terapéutica.
Estos avances plantean inevitables incertidumbres sobre eficacia
y seguridad, al igual que con los fármacos "convencionales",
así como nuevos retos e interrogantes. Éstos derivan
no sólo de la naturaleza de la investigación que
los produce (que ya no es tan farmacológica en sentido
estricto), sino también de los elementos que configuran
la revolución tecnológica que estamos viviendo,
como los avances en telemática, la consiguiente difusión
masiva de información (no siempre fiable ni relevante),
la implicación más activa de los usuarios (los cuales
tienen mayor acceso a una información que antes les estaba
prácticamente vedada), la crisis de la medicina paternalista,
y la globalización y el nuevo escenario industrial y de
crisis del estado de bienestar a que da lugar.4 Véanse
en el Glosario ADN recombinante, Anticuerpo monoclonal, Biotecnología,
Genoma, Ingeniería genética, Oligonucleótidos
antisentido y Terapia génica.
El impacto del uso de medicamentos sobre los indicadores de
salud
En la figura 1 se representa la evolución de la mortalidad
por tuberculosis en Inglaterra y Gales entre 1900 y 1970. Se indican
además las fechas de introducción en terapéutica
de la estreptomicina y la isoniacida, los dos primeros antituberculosos
con eficacia demostrada. Obsérvese que la disponibilidad
de estos dos quimioterápicos no modificó aparentemente
la pendiente de la caída de las cifras de mortalidad. Obsérvese
también que la mayor parte de la reducción de la
mortalidad por tuberculosis durante este siglo se había
producido antes, y no después, de la introducción
en terapéutica de los fármacos antituberculosos.
Hay otra característica de la figura 1 que también
llama la atención: la caída de la mortalidad por
tuberculosis se vio interrum- pida en dos ocasiones, precisamente
en los períodos de las dos guerras mundiales. Este ejemplo
nos recuerda que los principales determinantes de la mortalidad
por tuberculosis (¿sólo por tuberculosis?) no radican
en la disponibilidad de fármacos eficaces, sino en las
condiciones de vida, y que, a medida que éstas mejoran,
disminuye la mortalidad por esta enfermedad. Otra posible
interpretación es que la mortalidad por tuberculosis no
constituye un indicador adecuado para medir los efectos de los
fármacos antituberculosos con estadísticas generales
de mortalidad, porque éstas no informan sobre el número
de casos incidentes de cada enfermedad, y por lo tanto no reflejan
las modificaciones del pronóstico.5
En cualquier caso, dado que hay otros factores que son potentes
determinantes del estado de salud (tales como dieta, otras condiciones
materiales de vida, clima, ambiente), los efectos de los medicamentos
no se reflejan de manera evidente sobre indicadores generales
como la tasa de mortalidad o la esperanza de vida. Es necesario
por lo tanto concebir y diseñar otros métodos para
evaluar los efectos del uso de medicamentos.
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| Figura
1. Mortalidad por tuberculosis en Inglaterra y Gales entre
1900 y 1970, str e inh indican las fechas de
introducción en terapéutica de la estreptomicina
y la isoniacida, respectivamente. |
Variabilidad interindividual en la respuesta a los fármacos
La teoría biológica y la práctica clínica
muestran que no hay dos seres exactamente iguales. Análogamente,
en farmacología básica, con el uso de modelos
experimentales se puede comprobar variabilidad cuantitativa (de
la intensidad) de la respuesta, tras la adición o la administración
de dosis o concentraciones iguales de un fármaco determinado.
En terapéutica también es frecuente que, tras la
administración de una misma dosis "habitual"
de un medicamento, algunos pacientes presenten la respuesta esperada,
otros respondan de manera excesiva, y otros muestren una respuesta
farmacológica insuficiente o incluso nula. Así por
ejemplo, tras cuatro o cinco días de tratamiento con una
dosis "inicial" de un anticoagulante oral, una proporción
de los pacientes presenta un alargamiento del tiempo de protrombina
dentro de los límites deseados, otra por debajo (con lo
que estarán en riesgo de tromboembolismo) y otra por encima
(con el consiguiente riesgo de hemorragia); dado que estos fármacos
tienen un margen terapéutico estrecho (es decir, dado que
existe poca diferencia entre las concentraciones plasmáticas
que dan lugar a un efecto terapéutico y las que producen
toxicidad), será necesario individualizar" su
dosificación sobre la base de los resultados de las sucesivas
determinaciones del tiempo de protrombina, que además
deberán ser relativamente frecuentes.
En los años sesenta y setenta los trabajos pioneros de
la farmacología clínica demostraron que los principales
determinantes de la variabilidad inter e intraindividual en la
respuesta a los fármacos son de tipo farmacocinético,
es decir, debidos a diferencias en la absorción, la distribución,
la metabolización o la excreción.
La absorción oral puede variar (en velocidad o en cuantía)
por diferencias en las características biofarmacéuticas
del medicamento, por alteraciones de la velocidad del vaciado
gástrico y del tránsito intestinal, por interacción
con otros medicamentos administrados simultáneamente y
que la interfieran, o bien por alteraciones patológicas
(por ej., colestasis, que dificulta la absorción de los
fármacos y vitaminas muy liposolubles). La absorción
tras administración por vía transdérmica,
inhalatatoria e intranasal también es objeto de amplia
variabilidad inter e intraindividual; las vías subcutánea
e intramuscular también dan lugar a variabilidad, aunque
generalmente no tanta.
En caso de administración de dosis repetidas, la variabilidad
en la velocidad de la metabolización hepática y
extrahepática de los fármacos también puede
determinar concentraciones plasmáticas e hísticas
más o menos elevadas, que a su vez determinarán
mayor o menor intensidad y duración del efecto farmacológico.
La capacidad de los sistemas enzimáticos microsomales para
metabolizar medicamentos puede variar ampliamente, como consecuencia
de fenómenos de inducción y de inhibición
enzimática; la primera puede ser consecuente a la exposición
a toxinas ambientales (humo de tabaco, insecticidas, toxinas industriales
como la dioxina, etc.). Algunos alimentos (por ej., zumo de pomelo)
pueden actuar como potentes inhibidores de la metabolización
hepática de fármacos.
Asimismo, puede registrarse amplia variabilidad en la distribución
de los fármacos, que a menudo es consecuencia de diferencias
en la proporción fijada a las proteínas plasmáticas,
sobre todo en caso de hipoalbuminemia, y que también puede
ser consecuencia de alteraciones del equilibrio hidroelectrolítico
o de interacciones por desplazamiento de la fijación a
proteínas plasmáticas.
Los procesos de excreción renal y por otras vías
también muestran variabilidad intra e interindividual.
En recién nacidos, pacientes de edad avanzada, y en los
que padecen insuficiencia renal, la excreción renal de
los fármacos (o de sus metabolitos) habitualmente eliminados
por esta vía puede ser limitada, lo que eventualmente origina
acumulación si se administran dosis repetidas.
La presencia de enfermedades concomitantes, como insuficiencia
renal, hepatopatía avanzada, insuficiencia cardíaca,
diversas endocrinopatías, trastornos hidroelectrolíticos
y muchas otras, también puede determinar modificaciones
de la velocidad y la cuantía de la absorción, la
distribución, la metabolización o la excreción
de los fármacos. Se han descrito asimismo motivos algo
más sutiles de variabilidad intra e interindividual en
la farmacocinética: diferencias entre sexos, según
la fase del ciclo menstrual en mujeres, determinadas por la alimentación,
la posición del paciente, la temperatura ambiente, la temperatura
corporal, etc.
La variabilidad en la respuesta a los fármacos también
puede ser de causa farmacodinámica (es decir, relacionada
específicamente con la interacción fármaco-receptor
y de modo más general con la naturaleza de la enfermedad
tratada). Así por ejemplo, ciertas formas de epilepsia
responden mejor al tratamiento farmacológico que otras
que comparten mecanismos fisiopatológicos básicos
con las primeras. La variabilidad farmacodinámica puede
ser consecuencia directa de la influencia de factores genéticos
(por ej., déficit en glucosa-6-fosfatodeshidrogenasa),
pero más a menudo lo es de factores ambientales (por ej.,
ingesta dietética de sal, temperatura) y con frecuencia
de factores patológicos (fase de evolución de la
enfermedad tratada, presencia de comorbididad, etc.).
Variabilidad interindividual y causalidad
La identificación de factores que determinan variabilidad
en la respuesta a los fármacos explica las razones por
las que lo observado en un paciente no va a ser necesariamente
confirmado en todos los que presenten la misma enfermedad. Por
otra parte, la historia de la terapéutica moderna muestra
que los fármacos pueden ser extraordinarias herramientas
para ayudar a restaurar la salud y prevenir la enfermedad, pero
a la vez también pueden ser causa de importante patología.
Conceptos de uso común, como eficacia, relación
beneficio/riesgo, coste/beneficio, etc., pueden ser aplicados
en general a un fármaco en el tratamiento de una enfermedad
determinada, pero informan poco sobre lo que va a ocurrir en cada
paciente en particular. Por eso, la posibilidad de incorporar
una nueva intervención terapéutica a las que ya
se suelen utilizar en la práctica habitual, plantea preguntas
por lo menos en dos niveles conceptuales:
- En
primer lugar, si la nueva intervención terapéutica
es eficaz, razonablemente segura y efectiva en relación
a su coste. Estas preguntas se refieren a las cualidades de
la intervención considerada en general, como "valor
promedio", y se suelen responder con los resultados de
ensayos clínicos y otros diseños de investigación
clínica.
-
En segundo lugar, si la nueva intervención será
eficaz, razonablemente segura y efectiva en relación
a su coste en un paciente determinado. Estas preguntas se refieren
a la interacción entre la intervención considerada
y el paciente particular. Se responden con un examen de las
características de los pacientes incluidos en los ensayos
clínicos y otros estudios ("¿es este paciente
similar a los incluidos en los ensayos clínicos sobre
este fármaco?"),6 y con una cuidadosa
consideración de las características (edad, presencia
de patología concomitante, uso simultáneo de otros
fármacos, etc.) de cada paciente. En cualquier caso,
la prescripción de un medicamento es siempre una experimentación
(véase la introducción del Capítulo VII).
Aunque
en la actualidad los ensayos clínicos constituyen el método
más común en el que se basa la mayor parte de las
publicaciones sobre la eficacia de los nuevos medicamentos, desde
una perspectiva clínica es preciso recordar que la mayoría
de los ensayos se realizan para cumplir con un requisito regulador,
y que su objeto es establecer la eficacia "promedio"
del fármaco. Pero un fármaco con eficacia
demostrada desde un punto de vista regulador no es necesariamente
eficaz en todos los pacientes que lo toman, y puede no serlo e
incluso dar lugar a un empeoramiento del estado clínico.
En los capítulos siguientes se resumen algunas orientaciones
para la lectura e interpretación de ensayos clínicos
y otros diseños de investigación clínica,
y se sugieren métodos de evaluación de la eficacia
en pacientes individuales.
Bibliografía
1.Garattini S. "Pharmacocentricity": from elixirs to
magic bullets. Lancet 1999;354 (suppl 4): 51.
2.Anónimo. Strong growth in 1999 global pharma sales. Scrip
2000;2549:16.
3.Laporte JR, Baksaas I, Lunde PKM. General background. En MNG
Dukes (ed) Drug utilization studies. Methods and uses, 2ª
ed. WHO Regional Publications, European Series, Nº 45. Copenhague:
Oficina Regional Europea de la OMS, 1993:5-22.
4.Stolley P, Laporte JR. The public health, the university, and
pharmacoepidemiology. En BL Strom (ed) Pharmacoepidemiology, 3ª
ed. Nueva York: Wiley, 2000:75-89.
5.Laporte JR, Tognoni G. Estudios de utilización de medicamentos
y de farmacovigilancia. En: JR Laporte, G Tognoni (eds) Principios
de epidemiología del medicamento, 2ª ed. Barcelona:
Ediciones Científicas y Técnicas, 1993:1-24.
6.Tognoni G, Laporte JR. From clinical trials to drug utilization
studies. En: MNG Dukes (ed) Drug utilization studies. Methods
and uses, 2ª ed. WHO Regional Publications, European Series
No. 45. Copenhague: Oficina Regional Europea de la OMS, 1993:23-41.
7.Propuesta de Directiva del Parlamento Europeo y del Consejo
relativa a la aproximación de las disposiciones legislativas,
reglamentarias y administrativas sobre la aplicación de
buenas prácticas clínicas en la realización
de ensayos clínicos de medicamentos de uso humano. Boletín
UE 9-1997 Mercado interior (8/8) (http://europa.eu.int/abc/doc/off/bull/es/9709/p102015.htm
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