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ORÍGENES
DE LA ÉTICA MÉDICA Y LA BIOÉTICA
La
ética es el conocimiento organizado de la moral, no tiene
una antigüedad mayor de veinticinco siglos. Para Aristóteles
fue Sócrates su fundador, puesto que fue el primero en
señalar y definir las virtudes éticas y en cuestionar
la forma como debemos vivir. Séneca confirma este concepto
cuando dice que Sócrates fue quien puso la filosofía
al servicio de las costumbres y definió que la sabiduría
suprema es distinguir lo bueno de lo malo.
Antes de Sócrates y Aristóteles la virtud era atributo
de los dioses. SI alguna se les asignaba a los hombres, tenía
que ver con disposiciones guerreras y otras cualidades físicas,
que eran regalo de los dioses, dones divinos. Sócrates
decía que la virtud es única y a partir de ella
se puede establecer lo que es lícito y lo que no lo es
(lo que es bueno y lo que es malo). Esa única virtud consiste
en la obediencia de la ley. Pretendió establecer una cultura
ciudadana, lo cual le da créditos para considerarlo fundador
de la ética social. Más tarde Platón, influido
por los pitagóricos que habían hecho de la filosofía
de las matemáticas un sistema ideal de vida, eleva la teoría
de la ética a nivel de ciencia.
La Etica Médica es contemporánea de Sócrates,
consideraba que la medicina era un servicio de los dioses. En
Faidón, indica la preocupación durante sus
últimas horas, diciendo a Critón: "Critón,
debemos un gallo a Asclepios, pagadle esta deuda. No lo olvidés".
Posiblemente quería agradecer el poder morir sano de cuerpo
y espíritu, como también comprometer la ayuda que
el dios pudiera prestarle en la otra vida. En este pasaje se consagra
un aspecto de la ética del paciente, a la que no se le
ha prestado mayor atención. Sin duda, hermoso testimonio
de respeto al principio de gratitud.
Sócrates vivió entre los años 469 y 399 antes
de Cristo; Hipócrates entre 460 y 377. Ambos contemporáneos
de la llamada "era pretécnica" de la medicina
que, como es sabido, transcurre entre los orígenes de la
humanidad y la Grecia de los siglos VI y V anteriores a Cristo.
Donde la practica médica dejó de ser combinación
de empirismo y magia, con un transfondo sobrenatural, con médicos
que eran sacerdotes. La "era técnica, se inicia con
Alcmeón de Crotona e Hipócrates de Cos. Se distingue
porque el médico se propone curar al enfermo, sabiendo
por qué hace aquello, preguntándose por que es el
remedio, la enfermedad y el hombre; para dar respuesta a lo anterior,
estudia la naturaleza, conoce lo que una cosa, su naturaleza propia.
Para los griegos, physis (naturaleza) era lo maduro, lo
pleno, lo bello, lo sano. la enfermedad (páthos) era
algo contranatural, inmoral. El médico, que tenía
la virtud de hacer volver a su cauce la physis, era, en
cierta forma, un moralista, pues la enfermedad coloca al hombre
en riña con lo bueno y lo bello. Si hay páthos
no hay éthos ("ética" ni "orden
natural"). El enfermo (in - firmus, sin firmeza física
y moral), colocado en condición de incapacitado, debía
ser tratado como un niño pequeño y el médico,
en su función de ordenador, desempeñaba el papel
de padre. Esto explica el paternalismo que caracterizó
a la medicina occidental hasta las épocas recientes.
Con Hipócrates, la medicina pierde su carácter sagrado,
se hace razonada, y el médico, es un técnico y científico.
La medicina en los tiempos de Sócrates y de Hipócrates
no estaba organizada ni reglamentada como profesión. Los
conocimientos médicos se heredaban, se transmitían
en el grupo familiar. La profesión tenía carácter
de secta; era como un sacerdocio profesionalizado, aunque también
ejercían curadores empíricos y autodidactos. La
sociedad, en general, desconfiaba de los que hacían de
médicos. No existían disposiciones que obligaran
al practicante a ser responsable de sus actos, como sí
ocurría en Mesopotamia. Recordemos que en Babilonia el
rey Hammurabi, que reinó unos 1.800 años antes de
Cristo, registró en su famoso Código derechos
y obligaciones de los profesionales de la medicina. Tales como:
"Si un médico ha tratado a un hombre libre de una
herida grave mediante la lanceta de bronce y el hombre cura; si
ha abierto la nube de un hombre con la lanceta de bronce y ha
curado el ojo del hombre, recibirá diez siclos de plata".
O "Si un médico ha tratado a un hombre libre de una
herida grave con la lanceta de bronce y ha hecho morir al hombre,
o si ha abierto con la lanceta de bronce la nube de un hombre
y destruye el ojo del hombre, se le cortarán las dos manos".
El Juramento hipocrático
Esta falta de disposiciones reglamentarias del ejercicio médico
en Grecia, junto con la natural desconfianza de la sociedad hacia
a los médicos, dictar sus propias normas de conducta, las
cuales quedaron consignadas en un documento que pasó a
la posteridad con el nombre de "Juramento hipocrático",
tenido como un paradigma de ética profesional, de responsabilidad
moral e impunidad jurídica. Más adelante volveremos
sobre este asunto. Históricamente no existe ningún
documento que legitimese su autoría, o que le otorgue a
Hipócrates o a otro la paternidad. Pero como Hipócrates
fue un personaje legendario, se afirma que fue su autor. De lo
que no queda duda es que de verdad existió. Por lo menos
dos contemporáneos suyos lo mencionan.
"Y así, yo puedo decir que Hipócrates, no como
hombre sino como médico, es mucho más grande qué
otro hombre de una estatura más elevada que la suya".
El documento ha sobrevivido a través de los siglos, llegando
a representar el ideal ético en medicina y aún continúa
influenciando la deontología médica occidental.
En 1948 la Asociación Médica Mundial lo adoptó
como base deontológica. El espíritu del juramento
es, en verdad, doctrina de secta: venerar á los maestros
como a los propios padres, no revelar a los extraños los
secretos del oficio, mantener la vida y la profesión en
estado de pureza y santidad. En aquella época sólo
unos cuantos medicos se comprometieron a través de un documento
público a seguir normas de conducta que le proporcionaran
garantía al paciente. Para mayor seriedad, esas obligaciones
tenían compromiso religioso y todas estaban encaminadas
hacer bien al enfermo, a no perjudicarlo. De esa manera el médico
asume, motu proprio, responsabilidades que ni la sociedad
ni el Estado habían fijado, a diferencia, como ya vimos,
de lo que ocurrió en la antigua Mesopotamia con el código
de Hammurabi.
Por eso se acepta que el Juramento es apenas una promesa
religiosa, carente de responsabilidad jurídica. Que expresa
las características fundamentales del papel sacerdotal
o profesional del medico, que no solo ha sido el paradigma de
la ética médica, sino de la ética profesional.
Señala el actuar médico frente al enfermo, imponiéndole
una suprema regla de moral: favorecerlo, o, por lo menos, no perjudicarlo,
de él se desprende la ética profesional del medico,
aplicable a cualquier actividad, como que obliga a quien la desempeñe
a ejercerla a la perfección, en procura de beneficiar al
otro.
La ética médica en sus inicios se fundamentó
con criterio "naturalista", la physis, todo lo
natural tenía que ser bueno, fundiendo en el alma del sanador
lo humano y lo técnico, es decir, curar al hombre técnicamente.
Hacia el año 190 a.C. fue escrito en Alejandría
el Libro Sagrado denominado el Eclesiástico (del
latín eclesiastes, profeta), tenido como un tratado
de ética ya que diserta sobre las virtudes y la sabiduría
práctica. Uno de los capítulos está dedicado
a honrar al médico. Jesús, autor del Libro e hijo
del sabio profeta Sirácides, nos legó un testimonio
importante acerca de los conceptos que sobre la medicina y el
médico tenían personas cultas e influyentes como
él. El capítulo en mención no es propiamente
una guía de comportamiento para el médico sino para
el enfermo. Dada la gran influencia que los sagrados Libros ejercieron
en el mundo cristiano y en la vida de Occidente, es bueno revisar
los conceptos que nos son de particular interés en éste
libro:
-
De Dios viene toda medicina, vale decir, tiene carácter
divino, es teúrgica.
-
Dios hizo al medicó para bien del enfermo. El médico
es un intermediario entre aquél y éste, y su misión
es proporcionar beneficio.
-
De la tierra creó Dios los medicamentos, y la virtud
de estos pertenece al conocimiento de los hombres, por lo cual
deben glorificarlo. Por tal información y mandamiento
la terapéutica es de naturaleza divina y se obtiene de
la naturaleza misma, pudiéndose equiparar al concepto
naturalista griego.
-
Al sentirse enfermo, el individuo no debe descuidarse sino que
debe apartarse del pecado, limpiar el corazón, dedicarse
a la oración, hacer ofrendas y oblación. Sólo
entonces será posible que obre el médico. Este,
a su vez, deberá rogar al Señor para que surtan
efecto sus remedios. En resumen, lo que se quiere significar
es que la enfermedad es consecuencia del pecado y la curación
se obtiene con la oración y el arrepentimiento.
Así
la ética médica paso de los griegos a los teólogos.
La medicina se convierte en profesión según el sentido
etimológico (professio), vale decir, con implicaciones
confesionales, teologales, y médico, además de virtuoso
técnico, debe ser un virtuoso moral. Pasa, ahora sí,
a ser un nuevo estado sacerdotal y viene a constituirse en un
puente hacia el cristianismo.
Este influjo de la moral hipocrática se mantuvo vigente
durante muchos siglos, hasta bien entrada la Edad Media, con un
nuevo ingrediente aportado por el Cristianismo, la filantropía,
que le dio una nueva dimensión al papel del médico
e imprimió nuevos rumbos al ejercicio de la medicina. Siguiendo
el ejemplo dé Jesús, que se llamó metafóricamente
"médico" y que curó sin cobrar, sólo
por amor al hombre, obliga a cuidar y a tratar de manera desinteresada
al hermano enfermo. Es una buena acción y por lo tanto
beneficia el alma. Dado que el orden natural viene de Dios y la
enfermedad es un desorden, restituir la salud es un acto bueno,
que viene asimismo de Dios a través de su intermediario,
el médico. Siendo un enviado divino, debe obrar con sentido
sacerdotal, paternalista, actitud ésta característica
de la ética de orden natural.
En el año 1135 de la era cristiana nació en Córdoba,
España, Moisés Ben Maimón, conocido mejor
con el nombre de Maimónides. Médico, teólogo
y filósofo. Su influencia fue grande a lo largo de la Edad
Media y el Renacimiento. Por eso, al estudiar la historia o evolución
de la Etica Médica, no pueden preferirse su figura ni sus
enseñanzas. En efecto, su Invocación la
oración del médico, sin ser un compromiso
a través de unas normas expresas de conducta, es un ruego
para que el médico sea dotado de las virtudes necesarias
para cumplir su delicada misión. Los principios morales
que tal invocación contempla son los siguientes:
- Amar
al arte y al hombre.
- Indiferencia
por el lucro y la gloria.
- Respeto
por la salud y la vida.
- Respeto
por la autonomía del paciente. ("Concédeme,
Dios mío, indulgencia y paciencia con los enfermos obstinados
y groseros").
- Afán
por la sabiduría en beneficio del paciente.
- Prudencia
y modestia.
Llegada
la baja Edad Media se abre camino la concepción moderna
de la ciencia y la técnica, y del hombre mismo. El cosmos
natural, divino, vedado para el hombre, comienza a ser revelado
por la razón. Copérnico inicia esa cruzada, es decir,
demuestra que lo tenido como inescrutable -el orden natural- es
susceptible de ser conocido. A ese orden natural cerrado, esotérico,
se le opone la ciencia, que es creación humana. De esa
manera la ética adquiere también otro rumbo, pues
ella no puede sustraerse a las evidencias que la ciencia aporta.
La ética sin ciencia sería algo inconsistente,
vacío.
Pasada la Edad Media con el Renacimiento, que es punto de partida
del mundo moderno. Comienzan a contraponerse el orden moral científico
al orden natural divino. El Idealismo, la ilustración,
el Romanticismo y el Positivismo son épocas que le dan
más firmeza al orden revelado por la razón. La visión
del cosmos, de la naturaleza y del hombre continúa modificándose.
Atrás quedan los criterios religiosos y metafísicos
que fundamentaban la ética, pues la racionalidad científica
otorga, además de una lógica, ética y estética.
La nueva fundamentación, es el orden científico,
apareja una nueva moral: la moral positiva.
Descartes en el siglo XVII y Voltaire en el XVIII colocan los
cimientos para que Augusto Compte construya su filosofía
positivista. En ella establece la incompatibilidad de la ciencia
con la teología. Según ese nuevo espíritu
filosófico, sólo hay que aceptar lo asequible a
nuestra inteligencia, con exclusión de "impenetrables
misterios ". Para Compte, independizar la moral de la teología
y de la metafísica era una necesidad. Como antes se dijo,
estas tesis positivistas tenían antecedentes con corrientes
tales como las que caracterizaron al Idealismo y a la Ilustración,
sustentadas en una profunda confianza en la razón humana.
Voltaire (personificación de la Ilustración), arrebató
la fe de muchos en relación con el orden establecido. Por
eso ha sido tenido como el gran maestro de la duda. el que enseñó
a creer sólo en lo que pudiera ser confirmado por los sentidos.
Con la Ilustración, y gracias a él, se derrumba
el dogmatismo medieval. El estudio de las ciencias, según
el positivismo, era el camino para llegar a la sociedad perfecta.
La autoridad y el paternalismo de los soberanos, sustentados en
el concepto de que éstos eran intermediarios divinos, comienzan
a perder credibilidad, para darle paso al concepto del Estado
de origen y orientación secular.
Pese a tan radicales cambios en la manera de entender hombre y
su entorno, la ética médica mantuvo innegable dependencia
de los griegos, como también de los teólogos cristianos.
Así se conservó hasta épocas recientes. Construyéndose
la "ética de la medicina".
En el siglo XX, la medicina, gracias a la ciencia y la tecnología,
se muestra dominadora de la naturaleza. Muchos interrogantes,
que parecían imposibles de ser respondidos poco antes,
comienzan a ser revelados. Diversos estados patológicos
tenidos como inevitables o mortales, dejan de serlo. Sin desviar
su atención en el hombre, en el individuo, la medicina
extiende su radio de acción á la comunidad. De esa
manera la profesión adquiere rasgos definidos como:
Un carácter técnico, posibilidades ilimitadas del
médico y democratización socialización progresiva
de la asistencia del enfermo. Precisamente, esas características
han sido las culpables de que el ejercicio de la medicina haya
desembocado en situaciones conflictivas, no solo referidas a la
ética, sino también a los campos penal, civil y
administrativo.
En 1948, la Organización de las Naciones Unidas promulga
la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que fue
como una actualización ecuménica de la Declaración
de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, aprobada en las postrimerías
del siglo XVIII por la Asamblea Nacional Francesa. Sin duda, ambos
documentos incidieron, en su respectivo momento, en la fundamentación
de la ética, incluyendo, por supuesto, la Etica Médica,
aun cuando en ésta tal influencia se hace evidente solo
a partir de la divulgación y acatamiento de lo aprobado
por la ONU. La figura del Estado, encabezado por un gobernante
omnipotente, autoritario, paternalista, representante de la autoridad
divina, es sustituida por la de un Estado de origen democrático,
regido por leyes asimismo dictadas por los representantes del
pueblo. El pueblo deja de ser un incompetente mental, como lo
consideraba Platón y se le reconoce su capacidad de decisión
y su derecho a la autonomía. Algo similar ocurre en el
campo de la medicina: el médico pierde su condición
de déspota ilustrado, de padre solicito, y el enfermo gana
su condición de ser pensante y autónomo. Con
ello la ética sufre un proceso de renovación, conservando,
claro está, principios morales de carácter intemporal,
verdaderas constantes éticas heredadas del Juramento hipocrático,
como son el respeto por la vida humana y el propósito de
beneficiar al paciente.
El acto médico y su ética no ha sido inmodificable,
rígida, sino que han sufrido cambios con el paso del tiempo.
Los grandes cambios políticos y sociales le han impreso
nuevos rumbo.
Nacimiento de la Bioética
La ciencia influyó en la ética para que no fuese
vana e inconsistente.A raíz de los sorprendentes descubrimientos
en terreno de la biología, los moralistas, alarmados por
sus potenciales repercusiones. establecieron que si no se le añadía
ética a la ciencia, esta se convertiría en algo
peligroso para la supervivencia de la humanidad. Vino entonces
una nueva revisión de los fundamentos de la ética,
que cobijó particularmente en relación con la ciencia
y, desde luego la ética médica. La ética
individual se extendió a la ética social. Cuando
la ciencia en su afán inquisitivo y transformador, se convirtió
en amenaza para él individuo, la sociedad y la especie
toda, se vio la necesidad de ponerle un freno á ese afán,
dándole un nuevo rostro a la ética científica.
Así surgió la Bioética. Ese nuevo rostro,
que fue, sin duda, un original enfoque de la ética científica,
se puso en circulación hace poco más de veinte años.
Gira alrededor de la vida, no solo de la humana, sino también
de las demás formas conocidas sobre el planeta, es decir,
la animal irracional y la vegetal.
Siempre, hasta cuando ocurrió el holocausto de Hiroshima
y Nagasaki, la ciencia había sido considerada neutra éticamente.
Se vio entonces que las implicaciones derivadas de las aportaciones
científicas podían ser funestas para la humanidad,
por sus efectos directos sobre el hombre o por el daño
causado a su entorno. Unos años atrás, en 1933,
un biólogo llamado Aldo Leopold escribió en The
Journal of Forestry, de los Estados Unidos de Norteamérica,
un artículo titulado "Etica de la conservación".
Diez y seis años después, vivida ya la explosión
atómica, ese escrito, ampliado, fue publicado en la popular
revista Almanac con el título de "La ética
de la tierra".
Se considera a Leopold como el precursor de la Bioética,
el primero en vislumbrar las bases de una nueva moral para la
conducta humana, a través del desarrollo de una ética
ecológica. Inspirado en el escrito de Leopold, Van Rensselaer
Potter, médico oncólogo y profesor de la Escuela
de Medicina de la Universidad de Wisconsin, Estados Unidos de
Norte América, publicó en 1971 un libro que bautizó
Bioethics, bridge to the future.. Potter, interesado también
en la relación del hombre con la tierra, los animales y
las plantas, había llegado al convencimiento de que si
no se ponía freno al comportamiento del ser humano frente
a la naturaleza, su supervivencia sobre el planeta no iría
a ser muy larga. Luego de profundas reflexiones concluyó
que la supervivencia del hombre podía depender de una ética
basada en el conocimiento biológico. A esa ética
le dio el nombre de "Bioética", vale decir, "Ciencia
de la supervivencia". Que debe ser más que ciencia
sola; enfatizando sus dos ingredientes más importantes,
al procurar una nueva sabiduría tan desesperadamente necesaria:
los conocimientos biológicos y los valores humanos".
En el prefacio de su libro anotaba además: "Si hay
dos culturas que se muestren incapaces de entenderse -ciencia
y humanidades, y si ello contribuye a que el futuro se muestre
incierto, es necesario tender un puente hacia el futuro: ese puente
entre las dos culturas podría ser la Bioética".
Y más adelante: "Debemos desarrollar la ciencia de
la supervivencia, y debe arrancar con una nueva clase de ética:
la bioética, que también podría llamarse
"ética interdisciplinaria" es decir, que incluya
tanto las ciencias como las humanidades".
Como se sabe, la ética en sus inicios tuvo que ver con
la relación de los individuos entre sí; después
con la relación del individuo y la sociedad. En la década
de los 70, con Potter, sugiere una ética diferente, dado
que se ocupa de la relación del hombre con su entorno,
es decir, una ética ecológica que, por lo mismo,
habría de considerarse interdisciplinaria, pues incluye
tanto las ciencias biológicas como las humanidades.
Andrés Hellegers, profesor de Obstetricia en la Universidad
de Georgetown, Washington, y especialista además en Fisiología
fetal, como buen conocedor de lo que se presagiaba en el campo
de la reproducción humana, , en 1972 dio los primeros pasos
para crear un centro de Bioética. Se denominó inicialmente
"Instituto José y Rosa Kennedy para el estudio de
la reproducción humana y la bioética". Hellegers
falleció en 1979 y el nombre entonces fue trocado por el
de "Instituto Kennedy de Etica", vinculado a la Universidad
de Georgetown.
Un hecho importante en la evolución de la bioética
esta en Nueva York, en 1969, el filósofo Daniel Callahan
y el psiquiatra Willard Gaylin llevaron la iniciativa para adelantar
reuniones periódicas con científicos y filósofos
interesados en las ciencias biomédicas, con el fin de analizar
cuál debía ser la posición de la sociedad
en general y de los profesionales en particular frente a los avances
de estas ciencias. Así nació el "Instituto
de Etica y Ciencias de la Vida", conocido más tarde
como "Hastings Center". Este, Junto con el Instituto
Kennedy constituyen hoy los epicentros de la bioética mundial.
En su seno comenzó a desarrollarse una nueva ética,
llamada Bioética, es cierto, pero distante en mucho de
la propuesta en sus inicios. Su enfoque ha sido esencialmente
médico, pues su ocupa sólo de los asuntos relacionados
con las ciencias médicas: reproducción humana asistida,
distanasia, eutanasia, muerte digna, genoterapia, trasplantes,
derechos del paciente, aborto, etc. En otros términos,
se trata de una Bioética medica. En 1978, también
en los Estados Unidos, el llamado "Informe Belmont".
consagró los tres principios morales que orientan a la
Bioética medica: autonomía, beneficencia y justicia,
los cuales no son aceptados por todos como principios morales
propiamente dichos, sino como procedimientos para resolver problemas
corrientes surgidos en el proceso de prestación de servicios
sanitarios. La Bioética ecológica, por su parte,
quedó huérfana de sistematización.
Siendo la Bioética Médica un producto típicamente
norteamericano, anglosajón, dista mucho de la Etica Médica
anterior. Esta fue siempre naturalista, paternalista y algo metafísica;
debía de ser así pues se nutrió en fuentes
tales como la filosofía griega, el derecho romano y la
religión judeo-cristiana. Aquella, por su parte, es esencialmente
pragmática, alimentada por los principios de libertad y
autonomía, es decir, por los derechos humanos elementales
consagrados hace dos siglos, ampliados y perfeccionados en el
presente.
La Etica Médica se mantuvo en su estado inicial durante
veinticinco siglos. Habiendo sido la medicina tradicional absolutamente
paternalista y absolutista, a la razón de ser de ella -el
enfermo- se le trató siempre como a un incompetente físico
y mental. Sólo hasta la década de los setentas se
le concedió la ciudadanía moral, es decir, se le
reconoció su condición de agente moral autónomo,
libre y responsable. Este cambio radical en la concepción
de la Etica Médica ha traído consigo conflictos
de distinto orden. La interpretación de los principios
morales fundamentales de esa neoética por parte del paciente,
el médico y el Estado, que no siempre es coinciden. En
particular, el principio de autonomía moral se presta para
ser usado con exagerado pragmatismo, que lo aparta en mucho de
los lineamientos éticos tradicionales, particularmente
de aquellos que defiende la Iglesia Católica Romana. Es
por eso que ésta ha demostrado sumo interés por
el estudio de los problemas biológicos, en especial de
los que tienen que ver con la reproducción humana, para
ver hasta dónde ellos son útiles a la especie, sin
violar los dogmas, valores y principios eclesiales. Puede afirmarse,
sin exagerar, que en la actualidad que: la Iglesia católica
lidera en todo el mundo el estudio y difusión de la Bioética
Médica. De ahí que sea posible afirmar además
que, que se ha querido eclesializar la bioetica.
El puente entre la ética y las ciencias biológicas
(bioética) debe tener en cuenta al investigar los hechos
biológicos, al igual que al momento de darles aplicación
práctica a sus resultados. La fundamentación teórica
de la Bioética es, sin duda, sólida y amplia. No
se sujeta a una sola corriente filosófica ni a un solo
sistema ético. Es pluralista, secular y democrática.
Los estudiosos de la Bioética encuentran compatible su
fundamentación con aquellas circunscritas al naturalismo,
al idealismo, a la epistemología y, por supuesto, a la
axiología. La Bioética se basa en el principio de
libertad moral y, por lo tanto, aceptando que el ser humano es
un agente moral autónomo, deberá ser respetado por
todos los que mantienen posiciones morales distintas.
Es bueno recordar que en 1981 se fundó el Grupo Internacional
de Estudios de Bioética de la Federación Internacional
de Universidades Católicas, que ha liderado la causa de
esa disciplina y ha tenido al sacerdote y médico Francesc
Abel como su más entusiasta defensor. A él, precisamente,
se debe la fundación, en 1975, del primer centro de Bioética
en Europa, creado dentro del marco de la Facultad de Teología
en Sant Cugat del Vallés, en Barcelona. Además,
en 1987, la Iglesia católica, por conducto de la Congregación
para la Doctrina de la Fe -que sustituyó al Santo Oficio-
emitió un documento llamado "Instrucción sobre
el respeto a la vida humana naciente y la dignidad de la procreación",
donde fija su rígido punto de vista sobre la manipulación
de ésta ("bebé probeta", inseminación
artificial, anticoncepción, aborto, etc.), temas de tanta
trascendencia científica y social, como también
de controversia filosófica y moral, y de los cuales la
Bioética médica se ha ocupado con preferencia.
Poco tiempo después de aparecido el libro de Potter se
sucedieron hechos insospechados, de implicaciones asimismo insospechadas
y que, por eso, conmovieron hondamente a los sectores interesados
en el comportamiento moral de los científicos. Me refiero
a los avances en ingeniería genética y a la manipulación
de los inicios de la vida humana. Sin duda, el nacimiento en Inglaterra
de Louisa Brown en 1978, producto de la fertilización extracorpórea
del óvulo y su posterior implantación en el útero
materno, fue el detonador de la conmoción ética
en el campo de la biología. Este hecho, junto con los efectos
de la reproducción humana incontrolada, condujeron al mismo
Potter, para llamar la atención sobre el papel tan importante
que le corresponde desempeñar a la medicina frente a los
anhelos y compromisos de la humanidad.
Consciente de que su primer libro se había quedado corto
en relación con los nuevos hechos aportados por la biotecnología,
escribió una segunda obra que llamó Global Bioethics,
publicada en 1988, en cuyas páginas se ocupa también
de asuntos atinentes a la reproducción humana. En él
consignó lo siguiente: "Ha llegado el momento de reconocer
que no podemos ocuparnos de las opciones médicas sin considerar
la ciencia ecológica y los vastos problemas de la sociedad
sobre una escala global. Un ejemplo de un tema de bioética
global son las opciones médicas relacionadas con la fertilidad
humana frente a las necesidades ecológicas para limitar
el crecimiento exponencial de la población. Ningún
programa encaminado a cuidar la salud puede esperarse que sea
exitoso sin que se acepte que el control de fertilidad humana
es un imperativo ético para la especie humana". La
afirmación choca con los principios morales expuestos por
Juan Pablo II en su reciente encíclica Veritatis Splendor.
La Bioética Global, de la que habla Potter, comprende la
Médica con objetivos a corto plazo y la Ecológica
a plazo largo, pues lo que se busca es la conservación
del ecosistema, de manera que contribuya a la supervivencia de
la especie humana.
La Bioética constituye un nuevo rostro de la ética
científica donde la protección y defensa de la vida
sobre nuestro planeta se ha convertido hoy en un imperativo ético,
que debe regir las actuaciones tanto científicas como de
los políticos ". Como vemos, el radio de acción
d donde e la Bioética es mucho mas amplio que el de la
Etica Médica tradicional. Rompió el cerco para dar
cabida a disciplinas distintas a las que tienen que ver con la
biología, como son la filosofía, las leyes y la
religión. Es una ética general, una moral de mayor
alcance y amplitud, universal, que se preocupa por las futuras
generaciones.
Etica médica de hoy
Es una consecuencia necesaria de los principios que viven informando
la vida espiritual de los países occidentales desde hace
dos siglos. ha sido modificada en su esencia por el advenimiento
de la bioetica. En efecto, fue en los inicios de los años
70 cuando al paciente se le concedió la ciudadanía
libre y responsable. Refrendada con la "Declaración
de los derechos del paciente", aprobada por la Asociación
Americana de Hospitales en 1973 y que, como era de esperar, ha
venido haciendo carrera en todo el mundo, siendo un ingrediente
más de los muchos que han hecho del ejercicio profesional
de la medicina una disciplina francamente conflictiva. Junto con
el de autonomía, los principios morales de beneficencia
y justicia constituyen el trípode que sirve de base de
sustentación a la ética médica actual.
El primero tiene que ver con el paciente, el segundo con el médico
y el tercero con el Estado y la sociedad. El paciente, superó
su condición de incapacitado moral para convertirse en
un sujeto activo, con derechos legales; el médico, a su
vez, continúa siendo el benefactor del paciente, pero no
a disponibilidad del paciente; a la sociedad, que no fue tenida
en cuenta sino hasta época reciente, se le adjudicó
la función de distribuir equitativamente los bienes escasos
en la comunidad, es decir, a actuar con criterio justo. Sin duda,
tal ingrediente, involucrado en el concepto de ética médica,
tiene sus raíces en las tesis propuestas por John Stuart
Mill en su tratado de filosofía moral, donde la esencia
de la justicia no es otra que el derecho al bienestar que posee
el individuo. Es el nombre de ciertas clases de reglas morales
que se refieren a las condiciones esenciales de bienestar humano
de forma más directa y son, por consiguiente, más
absolutamente obligatorias que ningún otro tipo de reglas
que orienten nuestra vida".
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